ahora sí

 
      ya, por fin
      cuando empezaste a sonar me pillaste a contrapié
      envuelto en la arritmia de un mundo nostálgico
      a ratos leyendo la esquela del telegrama
      que recibí en tu última carta mecanografiada
      e hiciste llegar desde el inmortal asilo de lo obsoleto

      y el eco de tu esbozo me hizo perder el ritmo más de una vez
      y vi niebla en lugar de la ceniza de tu nuevo aletear
      redactado en un simple lenguaje comercial de fax

      y sí, recuerdo el primer e-mail en el que coincidimos
      simplón, para salvar la ignorancia de mi primera vez
      y poco a poco me encontré siguiendo el ritmo
      de los detalles de tu ahora en la red.net

      y me doy cuenta de que no me entero de donde ni de como
      si no pillo el ritmo de tu esencia